miércoles, 16 de octubre de 2013

Habla, mudita (Manuel Gutiérrez Aragón, 1972)

Hola. He vuelto. Tras casi un año en Londres y con una rutina más o menos asentada, vuelvo a visitar ESPAÑA mediante su cine. En estos meses el cine español se ha devaluado cada vez más, las voces sobre la necesidad de acabar con la cultura, la subvención, los funcionarios, el estado y el país en general se multiplican, y todo el mundo se ha convertido en los más terroríficos relatos de ciencia ficción de los 70. Volver al cine patrio de esa época, con su sordidez, casi parece un descanso. Era todo un asco, pero al menos se respiraba alguna posibilidad.

Ah, pero Manuel Gutiérrez Aragón. Un amigo me comentaba esta mañana que es uno de esos directores que parecen una parodia de sí mismos... para después confesarme que no había visto apenas películas suyas. Yo sí, y entre todas ellas, una fantástica, "Visionarios", pero la fama de ser uno de los directores más sobrevalorados de este cine y de ser pasto de un círculo felatorio entre crítica y cine es algo que siempre le ha perseguido. De hecho buscando información sobre esta película, acabé ojeando en Google Books una entrevista de Augusto M. Torres al susodicho que casi da vergüenza de la condescendencia mutua, como si todo el cine suyo fuera una broma privada. Una sensación que también tuve a ratos al revisar "Habla, mudita".



La idea del largometraje, por parte suya y de José Luis García Sánchez - otro personaje que causa mareo al repasar una filmografía ahora llena de títulos olvidadísimos - es la de un profesor que al conocer a una chica muda se obsesiona por enseñarle a hablar, y eso está explicado desde el mismo título. Lo curioso son los bandazos que se dan al explicar esta historia, la cantidad de temas que se apuntan y no se desarrollan, los cambios temperamentales de sus personajes y cierta fascinación con lo rural. Y voy a llamarlo curioso por darle bastante generosidad, ya que toda la historia parece un conjunto de parches que no van a ningún sitio en concreto y adornados con una musiquilla que parece ser irónica.


Gutiérrez Aragón es de Torrelavega, y la película retrata el paisaje montañoso tan del norte de una forma admirable, con una iluminación y planificación que realmente huelen a bosque y a mierda de vaca.  En la cima de una de las montañas está una casa familiar donde está López Vázquez y resto de una antipática prole, dominando desde ahí los bosques del norte. Y en esos bosques de ensueño Don Ramiro, el personaje de López Vázquez, cual Caperucita, se pierde al irse por un mal camino y quedarse dormido, así que hace lo que cualquier otra persona haría en su situación: agarrar el rabo de una vaca para que le guie a través de la niebla.


Llega a un hogar, y en el hogar ve tres platos, tres vasos, tres camas. De nuevo hace lo que todo profesor cabal haría en una situación normal, y se pone a comer la sopa y a echarse una siesta. Sí, Gutiérrez Aragón, lo hemos pillado: es muy divertido hacer que López Vázquez sea Caperucita y Ricitos de Oro. Divertidísimo. Y hacer de los tres osos a tres señoras de Torrelavega, ya una de las cimas del humor del cine patrio. Sarcasmo off.



Al menos esta escena muestra el dominio de Luis Cuadrado en la fotografía (quizás es a él y a López Vázquez a quien hay que agradecer que la película sea visible) al convertir esa casa rural en una auténtica cabaña del lobo, con señoras de diversa generación que invitan a cenar y a dormir a dicho hombre, que ¿se enamora? ¿queda fascinado? de una bella Kiti Manver, efectivamente muda, a quien lleva a dar un paseo. Él intenta conversar con ella, frustrado porque ella no le responde, y ella mata un autillo y se lo da cual animalito. Ella le insta a tocar un flautín medio roto, y con el escaso sonido empieza a bailar por el bosque, mientras él insiste en enseñarla a hablar.



¡Bandazo! Cuando creíamos que se iba a centrar en esto, Gutiérrez Aragón decide centrarse en lo primitivo de lo rural, que trata al tonto del pueblo con risas y desprecios y que muestran bastante represión sexual. Vuelve la familia antipática, después se va. Don Ramiro se empieza a comportar de forma rara con la mudita, hasta violenta, sin que a nadie le parezca raro que le de bofetadas gratuitas y sin que eso forme parte de nada en concreto. El pueblo parece que pasa de ellos completamente, la mudita empieza a cansarse de tanto mareo, el tonto del pueblo se dedica a actividades como serrar hierro para molestar al protagonista.



¿Esto va a algún sitio? ¿Va a ser un drama? No se sabe. No tiene sentido. En un momento concreto el pueblo se pone en contra de Don Ramiro y le insulta. Y la mudita en un momento concreto se va con él, se meten en un autobús, pasan una noche aparentemente platónica, y el pueblo se acerca cual horda de zombis hambrientos a acosarles por ninguna razón en particular. Simbolismo. Drama. Qué. Coño. Es Esto.


Pues esto es Gutiérrez Aragón vendido de forma fabulosa por Elías Querejeta, que la llevó al Festival de Berlín y consiguió que fuese la candidata al Oscar a la película extranjera. Esta rareza. Esto que no es que sea un nivel de punkismo narrativo a lo "Repo Man" de Alex Cox o cualquiera de Greg Araki, sino que está entre la pedantería y la vergüenza como el "Qué?" de Polanski. O no, porque ¡la fotografía es muy bonita!. O porque es simbólica, muy simbólica, y es esta forma precisamente como se la ha vendido toda su vida. Mi impresión es que sí, metáfora y símil hay, pero sin formar una coherencia narrativa que los haga válidos. Unos hablan de López Vázquez simbolizando el progreso frente a la cerrazón del franquismo, pero sinceramente Don Ramiro no es un personaje excesivamente progresista. Gutiérrez Aragón en su libro lo resumía en que es una película donde un profesor quiere enseñar a una muda y la muda le hace perrerías, pero eso tampoco es cierto. Hay una carga simbólica muy obvia en escenas como las cabras rumiando libros o el pueblo azotando el autobús, pero tampoco tienen mucha conexión, como los cambios de humor nivel personaje de dibujos animados japoneses que tiene López Vázquez, quien hace milagros con su personaje.

Creo que, analizando todos los sentimientos encontrados que me ha producido "Habla, Mudita", puedo concluir en que es un poco mierda. Puede que importante para el cine español, o importante en conseguir un tono en todo lo que produjo Querejeta, pero bastante mierda. Que alguien me corrija si me he perdido algo en tal ensalada de ruralezas.

4 comentarios:

  1. El comentarista estaba borrachuzo o es un perfecto gilipollas !

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  2. El comentarista estaba borrachuzo o es un perfecto gilipollas !

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  3. Acabo de ver Habla, mudita. Soy extranjero con varios años en España, y a veces me sorprende el buen cine español desconocido más allá de los Pirineos. Creo que esta cinta encierra una película mucho mejor, pero el guión, como dice Carlos, se desvía y no se recupera el sendero más claro. Pero a pesar de sus debilidades y pobres intentos de humor, me gustó, porque me atraía a un mundo, ese mundo rural, ese pueblo y entorno montañoso, donde los únicos protagonistas verdaderos son las dos figuras principales, y si hubiera centrado en la historia de ellas sin derivas, me hubiera gustado quedarme otro buen rato. Y sí, la fotografía y ambientación son memorables. Otra película algo similar, pero con un fondo mas social, que merece ser más conocido, es la versión cinematográfica del cuento de Clarín, ¡Adios, Cordera!
    Terry Berne

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